martes, 18 de marzo de 2014

LA VENGANZA DEL ESCLAVO

Yo era un esclavo, el más fuerte, grande y  el que mejor cazaba. Los esclavos decían que los animales debían considerarme un ser abominable. Un día llego un inglés que había escuchado que de los esclavos, yo era el mejor cazador, así que me desafío para saber quién era el mejor y por lastima perdí. El decidió que como trofeo de caza me cortaría el  brazo, yo me rehusé y trate de escapar pero me disparo en la pierna con su fusil y por causa de la herida me desangre y quede inconsciente. Al despertar estaba atado con enormes cadenas, no alcance ni a pestañar cunado sentí un dolor muy intenso me mire el brazo pero ya no estaba, al frente mío estaba el inglés en un mano tenía un sable ensangrentado y en la otra estaba mi brazo elevado en el aire como un despojo .Yo estaba muy grave, en un momento creí estar muerto, tenía los ojos cerrados y al abrirlos estaba en la selva solo, sobreviví comiendo frutas y cazando (ya no era tan bueno porque me faltaba un brazo), así viví unos tres días hasta que mi herida empezó a dolerme mucho, por eso hice un especie de venda con un trozo de mi camisa pero sabía que eso no sería suficiente, así que busque un sendero por el cual volver a la ciudad, lo encontré y regrese. Conseguí trabajo en una mina, era feliz pero quería mi venganza. Hasta que un día trabajando encontré un diamante y lo saqué (no fue fácil por mi brazo). Lo intercambie por mucho dinero y con él me compré ropa,  parecía otro hombre. Le pregunté a mucha gente sobre el inglés y me dijeron su nombre Sir John Rowell y que estaba en Francia. Me embarqué a Francia en su búsqueda. Al llegar lo vi pasar, el hombre que me cortó el brazo. Lo seguí y converse con él, le dije que era extranjero y que no tenía en donde quedarme y por suerte mía me invito a quedarme en su casa. Era mi oportunidad esa misma noche lo mataría, al entrar me mostro sus escopetas con diferentes sistemas y después su mayor trofeo, mi brazo. Al irme a mi habitación planeé todo, ya era de noche salí de la habitación y lo vi en el salón mirando mi brazo. Caminé hacia él y lo estrangulé con tanta ira que mis dedos perforaron su cuello. Era pavoroso verlo pero había cumplido con mi venganza.

Autor: Pedro Maldonado C.